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"Exposición a Cloro en Piscinas Cubiertas. Evaluación y Control" PDF Imprimir E-Mail
viernes, 09 de junio de 2006
La natación es uno de los deportes más completos que existen y, también, uno de los más peculiares, dado el medio acuático en que se desarrolla. Es un deporte muy energético, que obliga a los que lo practican a inhalar grandes volúmenes de aire para alcanzar los niveles aeróbicos necesarios. La natación es uno de los deportes más completos que existen y, también, uno de los más peculiares, dado el medio acuático en que se desarrolla. Es un deporte muy energético, que obliga a los que lo practican a inhalar grandes volúmenes de aire para alcanzar los niveles aeróbicos necesarios.

Sabemos que en todos los países existen normas que exigen que el agua de las piscinas cubiertas esté dotada de un cierto poder desinfectante y bactericida. Con este fin, se mezclan en el agua de la piscina cantidades adecuadas de ozono o de cloro. Pero, si bien las administraciones regulan la concentración del cloro o del ozono en el agua de la piscina, no hay nada prescrito sobre la concentración de estos elementos en el aire ambiental donde está ubicada la piscina.

Así, resulta que, al practicar la natación, nos exponemos a un riesgo para la salud: la exposición al cloro ambiental. Por esta razón, se puede afirmar que el nadador habitual es, también, un expuesto profesional al cloro. Puesto que muchos nadadores se pasan muchas horas en el recinto de la piscina, las concentraciones excesivas de cloro en el aire son capaces de causarles problemas respiratorios.

La acción del cloro sobre el organismo es irritante y se ejerce principalmente sobre las mucosas y sobre el aparato respiratorio. Las mucosas son las primeras en acusar la irritación producida por el cloro, que puede llegar a producir un dolor agudo. En las vías respiratorias inferiores, la inhalación de cloro produce siempre tos y, con el tiempo, vómitos y edema pulmonar, ello ocurre a partir de concentraciones de 45 mg/m3. Sin embargo, puede afirmarse que todas las concentraciones que pueden detectarse por el olfato (es decir, superiores a 0,3 mg/m3) se consideran perjudiciales.

Las principales causas de la presencia de concentraciones elevadas de cloro en el aire de la piscina son: el mal funcionamiento del sistema de cloración automático y la ventilación inadecuada.

Aunque, en general, las piscinas suelen cumplir los límites de concentración de cloro libre y residual en el agua del vaso de la piscina, la mayoría de intoxicaciones agudas son debidas a una instalación defectuosa, o a un mal funcionamiento puntual del aparato de cloración automático, por falta de control y mantenimiento. Es por ello más importante que los responsables técnicos de las piscinas sigan al pie de la letra la normativa existente sobre control del cloro libre y residual de las piscinas.

La mayoría de las piscinas tienen una ventilación nula o con renovación insuficiente, que explica el aumento de la concentración ambiental a lo largo del día. La causa de ello hay que buscarla en el elevado coste energético de la climatización-ventilación, ya que las corrientes de aire deben ser mínimas por cuestiones de confortabilidad. La ocupación y actividad de los nadadores presentes es muy variable, estando directamente relacionadas con la presencia de cloro ambiental. Sería conveniente ajustar la renovación del aire a estas circunstancias para mantener la concentración de cloro ambiental lo más baja posible. Aparte de los nadadores, también los monitores, los técnicos de mantenimiento y otros empleados de las piscinas están expuestos a un ambiente con una concentración de cloro relativamente elevada, por lo que también pueden verse afectados de forma crónica por los efectos perjudiciales del cloro.

Se ha llevado a cabo un estudio en distintas piscinas en las que se ha realizado una evaluación de la exposición a cloro y dióxido de carbono, en las que se han recomendado modificaciones en algunos factores mencionados anteriormente y se ha logrado una importante disminución de la concentración de cloro ambiental.





MATERIAL Y MÉTODOS



La toma de muestras de cloro se llevo a cabo haciendo pasar aire (20-30 l a 0,5-1l/min) a través de dos borboteadores en serie con 10 ml de solución absorbente de IK al 1% a pH ácido. El yodo liberado en el reactivo de adsorción se ha medido en un espectrofotómetro UV-VIS a 352 nm y se ha comparado con una curva de calibrado de yodo. La concentración de cloro en la muestra se ha calculado de modo indirecto.

La determinación de CO2 se realizó con un monitor portátil de calidad de aire 17.AQ-5000 con célula de CO2.





RESULTADOS


Las muestras se captaron al borde de la piscina lo más cercano posible al agua. En el anexo (figuras 1 a 8) se incluyen los resultados obtenidos en la evaluación inicial, así como los resultados obtenidos después de aplicar las recomendaciones que se resumen a continuación.



· Mantener el nivel de cloro libre y residual en el agua lo mas bajo posible



· Cumplir la normativa según la cual la diferencia entre la temperatura del agua del vaso y la temperatura ambiental sea de 2 grados



· El nivel de ocupación de la piscina no debe sobrepasar el número de personas para la cual ha sido diseñada.



· Tener una ventilación efectiva según la Norma UNE 100-011-91 sobre la ventilación para una calidad aceptable del aire en la climatización de los locales*.




CONCLUSIONES


· En la mayor parte de los casos, la aplicación de las recomendaciones efectuadas disminuyeron la exposición de manera muy importante. En las figuras 1-8, se observan claramente las diferencias.



· Desde el punto de vista de la exposición profesional, debe tenerse en cuenta, además la propuesta de modificación del LEP-VLA del INSHT para el cloro en la edición de 2004, que es de 1,5 mg/m3, VLA-EC.


Freixa, Asunción.
Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo
 

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