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SE TRATA DE.... El estrés laboral PDF Imprimir E-Mail
viernes, 09 de junio de 2006
El organismo humano siempre se encuentra en un estado de estrés mínimo que ante determinadas situaciones se incrementa, pudiendo producir un efecto beneficioso o negativo, dependiendo de si la reacción del organismo es suficiente para cubrir una determinada demanda o ésta supera a la persona. El organismo humano siempre se encuentra en un estado de estrés mínimo que ante determinadas situaciones se incrementa, pudiendo producir un efecto beneficioso o negativo, dependiendo de si la reacción del organismo es suficiente para cubrir una determinada demanda o ésta supera a la persona. Este nivel de equilibrio dependerá de los factores individuales (disposición biológica y psicológica), de las distintas situaciones y experiencias.

Un determinado grado de estrés estimula el organismo y permite que éste alcance su objetivo, volviendo a la normalidad cuando el estímulo ha cesado. Cuando se mantiene la presión y se entra en el estado de resistencia, las personas empiezan a tener una sensación de disconfort (tensión muscular, palpitaciones, etc.). Si continúa el estresor, se llega al estado de agotamiento con posibles alteraciones funcionales y orgánicas: son las llamadas “enfermedades de adaptación”. Estos síntomas son percibidos como negativos por las personas y producen preocupación; a su vez, esta preocupación agrava los síntomas y así llega a originarse un círculo “vicioso”.

Siguiendo estos mismos principios, el estrés en el trabajo aparece cuando las exigencias del entorno laboral superan la capacidad de las personas para hacerles frente o mantenerlas bajo control. No es una enfermedad, pero si se sufre de una forma intensa o continuada puede provocar problemas de salud física y mental: enfermedades cardiacas, gastrointestinales y musculoesqueléticas.

Estudios realizados en la Unión Europea sugieren que entre el 50 y el 60% del total de días laborables perdidos está vinculado al estrés. Muchos de estos trabajos coinciden en que el estrés se debe a un desajuste entre los individuos y las condiciones de trabajo (inseguridad laboral, tipo de contratación, horarios, etc.), la tarea (escasez o excesivo trabajo, monotonía, ciclos de trabajo breves o sin sentido, plazos ajustados de entrega, presión en el tiempo de ejecución, etc.) y la organización de la empresa (ambigüedad en la definición de funciones, poco apoyo en la resolución de problemas, ausencia de sistemas de comunicación y participación, etc.).

A continuación, exponemos las medidas preventivas que ayudan a evitarlo o reducirlo. La participación de las personas que trabajan y de sus representantes es crucial para que la implantación de estas medidas tenga éxito.

Medidas preventivas

Facilitar una descripción clara del trabajo, de los recursos para realizarlo y de las responsabilidades que implica. La falta de definición de lo que se espera de un individuo, que su papel sea confuso, es un factor importante en la generación de estrés.
Asegurar que las tareas sean compatibles con las capacidades y los recursos de los individuos y facilitar la formación necesaria para realizarlas de forma competente, tanto al inicio del trabajo como cuando se produzcan cambios.
Solicitar la opinión de las personas afectadas cuando se produzcan cambios en los puestos de trabajo, dando una información detallada sobre el significado y las repercusiones que tendrá, con el fin de evitar la aparición de falsas ideas que induzcan a preocupación.
Controlar la carga de trabajo. Tanto un exceso de trabajo como la poca actividad pueden convertirse en fuentes de estrés. Ocurre lo mismo cuando el individuo no se siente capaz de realizar una tarea o cuando ésta no ofrece la posibilidad de aplicar las capacidades de la persona. En estos casos hay que redistribuir las tareas o plantear un nuevo diseño de su contenido, de manera que sean más motivadoras.
Establecer rotación de tareas y funciones en actividades monótonas.
Establecer el tiempo que sea necesario para realizar el trabajo de forma satisfactoria, evitando prisas y plazos de entrega ajustados. Prever pausas y descansos en las tareas especialmente arduas, físicas o mentales. Planificar el trabajo teniendo en cuenta los imprevistos.
Favorecer las posibilidades de intervención personal sobre la actividad que se desarrolla para favorecer la satisfacción en el trabajo: modo de hacerlo, calidad de los resultados, tiempos de descanso, etc.
Explicar la función que tiene el trabajo de cada individuo en relación con toda la organización, de modo que se valore su importancia dentro del conjunto de la actividad de la empresa.
Diseñar horarios laborales que no entren en conflicto con las responsabilidades no relacionadas con el trabajo (vida social).
Evitar ambigüedades en cuestiones como la duración del contrato de trabajo y el desarrollo de la promoción profesional. Potenciar el aprendizaje permanente y la estabilidad de empleo.
Fomentar la participación y la comunicación en los centros de trabajo a través de los canales que sean más idóneos: charlas o reuniones, instrucciones de trabajo escritas, tablón de anuncios, buzón de sugerencias, periódico de la empresa, reuniones del Comité de Seguridad y Salud, etc.


Fuente: Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo
 

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